Mi primera experiencia con trufas alucinógenas

Voy a contar cómo fue mi primera experiencia con trufas alucinógenas compradas en Avalon Magic Plants. Las tomé por primera vez a los 18 años, tenía tantas ganas de tomarlas y a nadie con quien hacerlo, por lo que decidí tomarlas sola. Las trufas eran las Atlantis, y la cantidad era de 10 gramos. Las consumí en ayunas, por la tarde, sola en mi habitación y con una lista de música de fondo para amenizar la experiencia. El sabor no era muy bueno, por lo que las tomé acompañadas de chocolate. Esperaba y esperaba y no notaba ningún efecto, hasta que, sobre la hora de haberlas tomado, miré hacia una esquina de la habitación y vi que se ondulaba hacia un lado, en ese momento que mi primera sorpresa, estaba haciendo efecto y era la primera vez que yo veía semejante cosa , por lo que me alegré muchísimo. Pasó el rato, yo estaba en el ordenador y de repente las letras en la pantalla se empezaban a mover, así que decidí mirar a mi alrededor y comprobar cómo estaban las cosas. Me dirigí al espejo y me miré; Mi cara se movía, se ondulaba, la sonrisa se me alargaba y acortaba, los ojos subían , por un lado uno y por el otro el otro ojo, y la nariz se me hacía pequeña, parecía que me estuviera transformando en una especie de duende, ya que cada vez mi cara se volvía más extraña, y una especie de raíces semi-transparentes parecían surgir desde los lagrimales de mis ojos e iban hasta las mejillas. comprar Hollandia trufas Me ensimismé mirándome, aquello no me daba miedo, me causaba una grandísima curiosidad, sólo tenía ganas de jugar con los efectos visuales y de ver en qué se podía transformar mi cara. Tenía ganas de transmitir de algún modo aquello que estaba viendo así que cogí un papel A3 y unos pasteles y me puse manos a la obra. Cuando me miraba en el espejo para realizar el autorretrato veía, como si fuera un flash, una sombra pequeña y oscura sobre mi hombro, no sabía lo que era pero tenía una forma casi humana, un poco más redondeada. Dibujé esa sombra sobre mi hombro y mi cara con los rasgos algo cambiados, como con sus partes trasladadas. El retrato, a pesar de estar en tal estado alterado de conciencia me quedó bastante bien, era original y con unos trazos interesantes. Tras haber hecho el retrato me tumbé y me puse a mirar a mi alrededor; mientras, muchísimos pensamientos simultáneos se sucedían en mi mente, no sabía cómo resolver tantos problemas a la vez, parecía que venían de repente todas esas preguntas que me había hecho a lo largo de mi vida, y que ahora tenían respuesta. Me sentía llena, en la cúspide de mi vida, con capacidad para hacerlo todo.

Seguidamente, me miré el cuerpo, se alargaba, las manos se me hacían grandes, me las miré; vi que se iluminaban con una luz roja que hacía que se transparentase la piel, parecía como si pudiera ver los huesos y tendones a través de ella; Sí, los podía ver, estaban ahí, pero sólo fueron unos segundos, pero fue impresionante. Luego me entró hambre -llevaba todo el día sin comer- así que fui a la cocina, sin ningún tipo de problema de movimiento, a por un yogur. Lo puse en un bol y me lo llevé a mi habitación; cuando me lo estaba comiendo, el simple hecho de tenerlo en la boca me hacía sentir cómo era la distancia infinita, sentía mis dos mandíbulas como si se encontraran a distancias infinitas, no se tocaban nunca, no podían, la comida flotaba en mi boca. Seguidamente me puse a mirar el yogur en el bol,veía como aparecían figuras, entre ellas una persona - de yogur, claro- y cómo ésta se movía levemente. Cuando cogí otra cucharada vi en ella una cara, era una cara demoníaca, pero no me daba miedo; tenía una sonrisa enorme y maligna y parecía que ésta se abriera cada vez mas. Me la comí. A continuación decidí contar todo aquello que estaba viviendo, así que cogí mi cámara y la puse a grabar. Empecé a explicar todo lo que estaba viendo, cómo se movían las cosas, y , lo más importante, cómo me estaba sintiendo y todas aquellas preguntas que se me presentaban. De repente, me quedé muda, paralizada, sin sentidos, en una especie de momento sin tiempo ni espacio y la única sensación que sentía era amor, muchísimo amor por todo, aunque no tenía claro qué era ese todo. Me puse a llorar de alegría, de amor, de la grandísima sensación que me invadía en ese instante, nunca había sentido nada igual y tenía claro que no lo podría volver a sentir, era un momento único.

Todo que viví y sentí quedó grabado, pero, desgraciadamente, tiempo después, lo borré por equivocación. La experiencia con las trufas atlantis fue mejor de lo que me esperaba en un principio, cambió mi forma de ver las cosas, me volví más empática y sensitiva. Además me invadió, desde aquel entonces, una felicidad inexplicable sólo por haber vivido esa experiencia de eternidad y amor.

Le recomiendo la experiencia a todo aquél que se vea preparado para vivir sensaciones abrumadoras y que no tenga miedo de vivirlas. Es algo que cambia tu forma de ver las cosas , y eso que no es el alucinógeno más potente que existe. La dosis es controlable, y creo que entre 10 y 15 g es la dosis perfecta para vivir una experiencia parecida. Hay que recordar que es preferible tomarlo en un ambiente tranquilo , pero no claustrofóbico y mejor si es con buena música para potenciar la experiencia. Espero que haya sido informativa y alentadora mi experiencia y que haya mucha más gente que pueda vivir una situación parecida con las trufas.